Comenzamos con una gran ronda de hilado manual con huso, varios ya lo habían experimentado y pudieron trasmitir su experiencia a los que por primera vez se acercaron.

Después la propuesta fue que cada uno hiciera un tejido con el saber que ya traía. Cualquier tipo de tejido, una trenza o nudos también son formas de tejer y de hacer tramas, se vieron en acción agujas de crochet, dos agujas, telares pequeños… En este momento varios aprovecharon para conversar con sus vecinos más próximos y meterse en algún terreno textil nuevo.
La siguiente etapa fue un desafío para todos, la idea era que se intercambiaran los tejidos con otros distantes (no el amigo con el cual uno llegó y conoce bien, alguien que este en otro lugar en la ronda…). Cada uno intentó continuar cómo pudo el tejido que otro comenzó a su manera. Así fue que se multiplicaron los maestros y los aprendices, era una tarea difícil pero el buen humor y la simpatía inundaron la tarde.
Luego de tan hermosa proeza de entretejido colectivo, y para reflexionar sobre la misma, les propuse escribir y/o dibujar una hoja del Libro de artista que estoy haciendo con la experiencia de cada Encuentro. Hicimos circular las hojas en la ronda, pudimos conocer las ideas y pensamientos que quedaron en el papel.

Finalmente estábamos todos bastante cansados así que el cierre, con un dibujo hecho de todos los tejidos lo imaginé yo y rápidamente Valeria y Laura me ayudaron a armarlo sobre el piso, en el centro de la ronda, una espiral hacia el infinito…



