Llegamos al ultimo Encuentro previsto para este año… bajo el solcito y el cielo celeste de noviembre, colgamos de unos árboles el tejido colectivo quedó suspendido en el aire. Expuse los 3 libros producidos con el material realizado por los participantes en cada Encuentro y poesías visuales, recortes y fotos intervenidas por mi, ya casi terminados los vimos sobre una mesa. Se acercaron muchos fieles asistentes a todos los Encuentros y nuevos visitantes.

La bienvenida dada por las anfitrionas que son quienes cocinan y preparan la estadia para todos los visitantes a la Estancia, tambien buenas tejedoras he
Jorge esquiló una oveja, de ese modo pudimos conocer el ciclo completo del trabajo con la lana natural. Jorge atrapó una oveja gordita, ató sus patas y cuidadosamente con unas tijeras bien afiladas fue cortando prolijamente todo su pelo. 


Nos reunimos a la sombra, en ronda, para hilar. Muchos se animaron a probar con la lana sucia recién esquilada. 

Luego aprovechando la concentración y la tranquilidad de la tarde propuse a todos decir en palabras lo que pensaban sobre lo producido en los Encuentros y una posible proyección futura. Varios expresaron sus sensaciones, sus experiencias… compartimos unas ricas reflexiones.
Finamente hicimos un ritual de agradecimiento donde ofrendamos a la tierra en un hoyo lanitas hiladas, husos, dibujos de trompo y algunas delicias comestibles que aportaron las cocineras. Nos acompañamos con música espontánea e improvisada que todos producimos con instrumentos hechos de deshechos y herramientas, al ritmo alegre que nos contagiaba Jorge con el acordeón y Esteban con su cuatro.

Bailamos en ronda… el sol se puso bien naranja y se fue extinguiendo como el fueguito bajo las piedritas que amontonaron los niños, dejándonos una sensación de fin y de comienzo, de ciclo vital…